Te quiero

martes 15 de diciembre de 2009

Cuando un te quiero era el miedo de que me robaras lo único que me quedaba, tú que aparentaste siempre ser la persona más bonita de este mundo. No me acuerdo de qué día descubrí que eras justo lo que aparentabas, que eras lo que nadie encuentra en estas vidas tan vacías. Quizás algún día te miré a los ojos y los tuyos simplemente me decían la verdad.

Por pintarte las uñas de rojo

lunes 14 de diciembre de 2009





Te das cuenta de que llevas media vida luchando contigo misma para hacerte mayor. Te pintabas los labios a los doce años, te compraron tus primeros tacones, te enamoraste a los trece, te echaste novio a los dieciséis. Ahora que has visto volar veinte años, ahora que ya te consideras eso que ellos llaman ser mayor, no recuerdas a qué se debió aquella prisa por tirar a la basura camisetas con imágenes de perros y corazones, por pintarte las uñas de rojo.

En un café

El miércoles pasado, en forma de despedida a alguien que pronto dejará Madrid fui a un café muy al estilo vintage en Lavapiés. Tenía techos antiguos, espejos rallados que rodeaban todos los sillones rojos, y me tomé un té de no sé qué rosas con sabor a champán o algo así era. Que no viene mucho al caso, pero bueno...

La cuestión es que de pronto se acerca un hombre de unos sesenta años, se agacha a la altura de mi amigo y le pregunta si tiene unas gafas. Le cuenta una historia de cómo perdió las suyas, pero la verdad es que ni él ni yo supimos descifrar sus palabras susurrantes llenos de algún que otro escupitajo que mi acompañante apartaba de su rostro con la mano.

El hombre estaba un poco loco, por la edad y por los efectos del alcohol, e insistía en invitarnos a una cerveza a pesar de que le asegurásemos que no queríamos nada, que nos marchábamos ya, mi amigo decía en broma que me tenía que llevar ya a casa para que no se preocupasen mis papis. Se estaba largando, pero mi plan de pagar rápidamente y escapar por la puerta en cuanto le perdiéramos de vista por aquel pasillo hacia los cuartos de baño no resultó ser puesto que después de dirigirse hacia ellos siempre volvía. De todo lo que nos pudo haber contado esa tarde mientras tomaba lo que según él era una botellita de coca cola con ron, destacaron su amigo Juan, Almería donde hay mejores porros que aquí, que éramos los dos muy majos, que llevaba 18 días sin fumar, luego que llevaba 10 días sin fumar, que quería usar nuestro teléfono móvil para llamarle a Juan y preguntarle cómo se llamaba aquella plaza y, ante nuestra negativa, que éramos unos hijos de...

Ah, y también dijo que era periodista, que no había que votar al PP, y que acababa de escribir una poesía que nos recitó, sujetando un trozo de papel. Para mí era escandalosamente sosa, algo así como, oh, amor, el amor, dónde estás amor, amor.

Me acordé de aquella película de los años catapún y en blanco y negro que vi nada más comenzar la carrera. Quién mató a Liberty Valance. Aquel periodista loco y borracho llamado Peabody de repente ya no era tan ficticio. Dicen que los escritores/periodistas somos un poco así, quizás no tenga nada de malo, ¿quién quiere ser normal como el resto?

¿Lo sientes tú?

jueves 10 de diciembre de 2009

No encuentro rincón para mis labios que rozando los tuyos, sabes a recuerdos lejanos en los que yo tampoco dudaba. Siento que no pudiera ser, y aún así sigo pensando que sin haberte perdido nunca del todo vuelves a mí aunque en estas noches de recuerdos de caricias o de un sueño. Siento la yema de tus dedos, la melodía con la que acariciabas mi oído izquierdo, esa voz de ángel que es tan sólo tuya y el camino que elegiste hacia alguna otra parte. Siento los besos de champán de rosas y cómo cruje el corazón al ver que te quedaste en el portal. Y siento que tal vez algún día reanudaremos lo que para mí nunca terminó, ¿lo sientes tú? ¿O sólo yo?

Ausencia

miércoles 9 de diciembre de 2009


Dime dónde estás, a veces por más que te busco te encuentro hueco. Si es que te conozco o te encuentro ausente. Dime dónde estás cuando estás conmigo, si estás conmigo o te pierdes en los versos que no me das. Dime, cuando no te encuentro, dónde puedo hacerlo.

Los amigos de verdad

martes 8 de diciembre de 2009

Estoy en una etapa en la que ya no actualizo este pequeño cuaderno con frecuencia, y espero que sea una de esas etapas de la vida que se pierden por el camino. No lo hago porque últimamente me da más por vivir que por pensar, y no sé si será bueno para alguien que pretende algún día ser una escritora; supongo que tendrá sus cosas buenas y sus cosas malas, como todo.


Pero aunque no haya escrito sobre ello, sí que me ha dado por pensarlo. A veces vemos amistades donde realmente no están, donde hay las opciones de salir de fiesta o de hablar de chicos pero se ausenta la oportunidad de contar con él o con ella en momentos en los que esperabas que estuvieran allí. Gente que te quiere para unas cosas pero que tiene cosas más divertidas o apetecibles que hacer para otras.

Y, como todo en esta vida, no hay lugar para lágrimas ni reproches, de todo se aprende, y saco de una ausencia total y de otra ausencia parcial la lección de que no me importan en absoluto estas personas, prefiero contar tan sólo con aquellos amigos que cuando te vas de puente, sin tener ni un Tuenti ni un Facebook que se lo avisen, se dan cuenta de que no estás, te echan de menos y se alegran de que has vuelto. Prefiero a ellos que a las de la ausencia, que rodearme de ellas.

Y aunque no lo sepas

viernes 4 de diciembre de 2009

Serás un recuerdo que nadie conozca, la memoria de un primer beso que robé aquella noche en la que veías Princesas en ausencia, serás aquella canción que jamás olvidaré, que me persigue en sueños y me acerca a ti.

Serás la razón por la que sigo escuchándola y recordando aquel olor irresistible a tabaco o a sudor sólo porque su recuerdo me devuelve a ti.

Serás aquella mano que acariciaba y que no retiraste, serás la forma en que volvías a mí después de perderme, y me ocultabas que realmente tus planes se cambiaron aquel mes de agosto sólo para compartir el resto de los meses junto a mí. Y serás las veces que me dejaste sin aliento o aquella lágrima que me dormía cada noche. Quizás eres mi secreto porque ni lo sabes tú.

Serás la tortura de mi alma porque no te vas aunque te hayas ido.

Y sigo tocando esa canción. Aunque cuando abra los ojos ya no estés aquí.

Y aunque no lo sepas, o pienses que ya te he olvidado, te prometo que es así.